domingo, 15 de febrero de 2015
viernes, 9 de enero de 2015
jueves, 4 de diciembre de 2014
martes, 18 de noviembre de 2014
domingo, 2 de noviembre de 2014
sábado, 18 de octubre de 2014
miércoles, 17 de septiembre de 2014
YO, AUGUSTO, EMPERADOR DE ROMA
¿Superación de la muerte?
No la hay; solamente la gloria sobrevive a la muerte en la tierra.
Y aun la gloria conquistada con la guerra y el horror,
que ciertamente no será la mía, lo puede hacer;
yo aspiro a la gloria de la paz.
Hermann Broch, La muerte de Virgilio
El 19 de agosto del año 14, durante un viaje por la Campania, moría en Nola el emperador Augusto tras desplomarse en los brazos de su tercera mujer, la emperatriz Livia, de la que se despidió con estas sentidas palabras: “Adios, Livia, vive y acuérdate de nuestra unión”. Se cumple por tanto este año 2014 el bimilenario de su muerte, que ha sido conmemorada con una gran exposición en el Grand Palais de París, organizada conjuntamente por los Museos del Capitolio y del Louvre, bajo el título “Moi Auguste, Empereur de Rome”, con la pretensión de hacer “revivir un hombre en sus deseos, sus contradicciones, sus cualidades y sus ilusiones”.
1. Cartel de la Exposición
La Historia, ciencia del pasado de los seres humanos a través de los hechos masivos que dan sentido a su existencia colectiva, tiene al mismo tiempo que asumir la evidencia del papel desempeñado por los grandes protagonistas que con sus iniciativas, su voluntad y su decisión dieron forma y sentido a la época que en cada caso les tocó vivir. Uno de ellos, el Princeps Senatus, el emperador Caius Iulius Caesar Octavianus, poliónimo que asumió tras ser adoptado por su tío-abuelo Caius Iulius Caesar, del que heredó los tria nomina, su inmensa fortuna y un grandioso destino.
Augusto nació el 23 de septiembre del año –63 en el Palatino con el nombre de Caius Octavius Turinus, cognomen que heredó de su padre, transcurriendo su vida sin mayores sorpresas hasta ser declarado heredero por César en su testamento, decisión que despertó en él una desconocida energía, decisión y carácter hasta convertirse en la figura más importante de la historia de Roma.
En efecto, tras el asesinato de éste, dos sucesos esenciales señalan su destino, la batalla de Filipos que enfrentó a los ejércitos de Marco Antonio y Octavio contra los de los cesaricidas, Bruto y Casio, que se suicidan tras su derrota; y la de Actium contra el ejército de Marco Antonio y Cleopatra, que correrán igual suerte. Convertido así en el dueño indiscutible de Roma, Octavio comienza una inmensa obra de regeneración del estado romano sobre la base de mantener la ficción republicana representada por el nuevo papel encomendado al Senado. Así, nada escapará a su obra de reforma, la tranquilidad del estado en primer lugar, asegurándole fronteras más seguras; el ejército necesario para su protección; la hacienda para pagarlo; la familia tradicional para proporcionar sus efectivos; la administración para asegurar la supervivencia misma del Estado; la religión tradicional, el arte y, sobre todo, la paz como condición general para el correcto funcionamiento del nuevo sistema: “yo aspiro a la gloria de la paz” son las acertadas palabras que Hermann Broch pone en su boca, conversando con Virgilio.
La exposición sin embargo se centra principalmente en el ser humano que hay detrás de esta obra de reforma; no tanto en el general, si bien se exponen unos relieves históricos que narran la batalla naval de Actium y el triunfo que Augusto celebró en Roma el año -29 que, procedentes de Campania, se conservan en dos colecciones españolas y concretamente andaluzas, las de la Casa de Pilatos en Sevilla y la de la Duquesa de Cardona en Córdoba, así como en el Szépmüvészeti Múzeum de Budapest; ni en el estadista, aunque se transcriben las Res Gestae que compuso en la primavera del año 14 al sentir próxima su muerte, inscritas en bronce delante de su mausoleo y traducidas al griego y gravadas en el muro exterior del templo de Augusto y Roma en Ancyra, la actual Ankara; sino en el hombre y en la ciudad que le vio nacer, en su familia, en el desempeño de las funciones que le fueron encomendadas: Prefecto de la ciudad, Augur, XVvir de sacris faciendis, Augustus el 16 de enero del año -27, VIIvir epulonum, Pontifex maximus, Pater patriae, Tribunitia potestas, Cónsul e Imperator, y en el ambiente doméstico de su época.
2. Batalla naval de Actium. Colección de la Duquesa de Cardona. Córdoba
Augusto se casó en tres ocasiones, con Clodia Pulchra en primer lugar, a la que repudió, lo mismo que hizo con su segunda mujer, Scribonia, de la que tuvo a su única hija, Iulia; y finalmente con Livia que en el momento de casarse con él, era una mujer separada, con un hijo, Tiberio, y embarazada de su segundo hijo, Druso, pero perteneciente a la prestigiosa familia de los Claudios; de ahí que los descendientes de Augusto sean conocidos como los Julio-Claudios.
Iulia se casó en tres ocasiones, en primer lugar con su primo hermano Marcelo (C. Claudius Marcellus) que murió dos años más tarde sin descendencia; con Agripa (M. Vipsanius Agrippa) y finalmente, por imposición de su padre, con su hermanastro Tiberio (Ti. Claudius Nero y tras su adopción por Augusto, Ti. Iulius Caesar), y tuvo tres hijos varones, Cayo, Lucio y Agripa Póstumo, llamado así por nacer tras la muerte de su padre, y dos hijas, Iulia la Menor y Agripina la Mayor, descendientes a los que aún hay que añadir un sexto hijo que tuvo de Tiberio y que murió a temprana edad.
Prácticamente toda la familia imperial aparece recogida en la exposición con magníficos retratos, desde el padre biológico de Augusto, Caius Octavius Turinus (no así la madre); su padre adoptivo, Caius Iulius Caesar; sus mujeres, especialmente Livia; su hija Iulia; sus tres yernos, Marcelo, Agripa y Tiberio y sus nietos varones, Cayo, Lucio y Agripa Póstumo y, por supuesto, el propio Augusto, cuya imagen es difundida por todo el Imperio a partir de los cientos de originales que se elaboran en los talleres imperiales de los que se hacen miles de copias, si bien todos ellos responden a cuatro prototipos según ha establecido la historiografía artística contemporánea, a saber, el tipo Béziers-Spoleto, el tipo Actium o La Alcudia, el tipo Forbes y el tipo Prima Porta, que representan cuatro estadios diferentes de su vida, en correspondencia con otros tantos momentos determinantes de su reinado.
3. Tipos de retratos de Augusto (izda.) Beziers-Spoleto, (centro) Actium o la Alcudia y (dcha.) Forbes
En cualquier caso, el tipo que más éxito tuvo con diversas variantes interpretativas es el llamado “Prima Porta” por la escultura descubierta en 1863 en la villa de Livia, cerca de la Prima Porta, que preside, como no podía ser de otro modo, la exposición del Grand Palais.
4. Augusto de Prima Porta y detalle del rostro
La escultura, copia en mármol de Paros del original de bronce que coronaba el mausoleo del emperador en el Campo de Marte, es una síntesis metafórica de la personalidad y la obra de Augusto que está representado como cónsul en el momento de arengar a las tropas, si bien va sorprendentemente descalzo y acompañado de un amorcillo que cabalga sobre un delfín, símbolos que apuntan a la estirpe divina de la que procede y a su propia divinidad. Viste túnica corta, coraza con cintas de cuero que protegen el bajo vientre y los muslos y clámide enrollada a la cintura, llevando en su mano izquierda un bastón consular no conservado.
En la parte frontal de la coraza se desarrolla un complejo relieve centrado por la restitución de las enseñas perdidas por el general Craso, vencido por los partos en el año - 53. En la parte superior, Caelus sostiene un velo sobre él; a su izquierda el Sol y a su derecha la Aurora acompañada del Rocío. En la parte inferior se representa a Tellus, la Tierra, o bien la alegoría del oikoumene, la tierra habitada; a un lado, Apolo con su lira cabalgando sobre un grifo y al otro Diana con su ciervo y el carjac de flechas infalibles, dioses especialmente venerados por Augusto que atribuía al primero su victoria sobre Antonio, en tanto que veía en Diana una diosa romana tradicional, opuesta a las divinidades extranjeras y protectora de la fecundidad femenina y de los niños. Finalmente, a ambos lados de la coraza dos figuras simbólicas representan la Hispania vencida y la Galia sometida.
Estos cuatro tipos estilísticos y sus variantes incorporan distintos mensajes iconográficos, que relacionan a Augusto con sus cargos y distinciones, Princeps Senatus, Pontifex Maximus, Imperator, etc. y se representan en todo tipo de materiales nobles, oro, plata, bronce, mármol, sardónice, etc.
5. Camafeo de Augusto
Por lo que respecta a la ciudad de Roma en época de Augusto se evoca en la exposición a través de la intensa actividad que se llevó a cabo para embellecer la ciudad: remodelación del campo de Marte donde se construyen unas termas (termas de Agripa), el Panteón (Panteón de Agripa) y el pórtico de Agripa; finalización del programa edilicio puesto en marcha por César; construcción del foro de Augusto, plaza alargada flanqueada de pórticos en cuyo centro se erige una estatua ecuestre de Augusto, y del Ara Pacis; construcción de nuevos templos -Venus Genitrix, ancestro de la familia Iulia; César divinizado, su padre adoptivo; Apolo, su divinidad protectora; Mars Ultor o Vengador que le ha ayudado en la batalla de Filipos contra los asesinos de César- y reconstrucción de ochenta y dos de época republicana, la mayor parte adornados con decoraciones de barro cocido que él sustituye por mármol; construcción del teatro dedicado a su yerno Marcelo, el único de los primeros teatros romanos construidos en piedra que se nos ha conservado, etc., etc., si bien esta magna labor edilicia no alcanzó la propia vivienda del emperador quien, de acuerdo con el ideal republicano, nunca se hizo construir un palacio, limitándose a vivir en el Palatino, sin opulencia, pero con gusto exquisito, en lo que los arqueólogos han llamado “casa de Augusto” y “casa de Livia”.
Y tras toda esta actividad, una economía basada en el trabajo de la tierra, el masivo empleo de los plebeyos como soldados profesionales y una sólida moneda de oro, plata, oricalco y cobre, a saber, áureos, denarios, sestercios y ases.
La vida privada en época de Augusto merece un lugar destacado en la exposición ya que expresa el enriquecimiento de una parte de la población del imperio al amparo de la paz augustea. Este clima de prosperidad es perceptible tanto en el mobiliario y ajuar de las casas de los vivos como en el de las tumbas de los muertos. El primero ya no se limita a un simple papel utilitario sino que desempeña una función social importante como expresión de la riqueza y el status social de sus dueños - candelabros, soportes de mesas, porta-lámparas, braseros, trípodes, un trapezóforo en forma de esfinge que es un soporte de mesa-, en tanto que el ajuar está representado por ricas vajillas metálicas -copia moderna de la crátera del tesoro de Hildesheim que como se sabe se perdió durante la 2GM; el tesoro de Boscoreale procedente de la villa de Pisanella (cántaros, oinochoe, copitas, cucharas, skyfos, pateras, trípodes y louches o cucharones para servir); y dos skyfos llamados “copa de Tiberio” y “copa de Augusto” con sendas escenas históricas, el primero sobre un carro antes de realizar un sacrificio y el segundo concediendo su clemencia a los pueblos vencidos-; vidrios (copas de vidrio, balsamarios o pequeños vasos con perfumes utilizados en los ritos funerarios con muy diversas formas y tamaños) y vajillas de terra sigillata caracterizadas por el barniz rojo brillante y su decoración en relieve.
6. Trípode con brasero
Miguel JIMÉNEZ JIMÉNEZ
domingo, 22 de septiembre de 2013
EL TECHO CUPULAR DEL MIRADOR DE LA TORRE DE LAS DAMAS
El palacio de El Partal, cuyo nombre unos traducen
por “pórtico” (del árabe “bartal”), aunque parece derivar más bien de
“al-burtula“ con el significado de “remanso veraniego” o “belvedere”, ha sido interpretado,
dado que por la abundancia de vanos no cabe suponerle un uso residencial, como
una especie de pabellón real, “parada y fonda” en los recorridos del sultán
Muhammad III (1302-1308), su constructor según la más que plausible hipótesis
de Basilio Pavón, desde o hacia el Generalife, su palacio de verano, como área
de descanso y placer abierta al paisaje.
Del palacio queda la gran alberca central y la
galería norte, la llamada desde el siglo XVIII Torre de las Damas, pórtico con
singular armadura apeinazada que se prolonga en una estancia cuadrada que
sobresale del perímetro rectangular con ventanas abalconadas, interesantes
restos de yeserías y armadura ataujerada y se dobla en altura en una torre
mirador rectangular a la que se accede a través de angosta pero delicada escalera
construida en el lado occidental, cuyo volumen fue sin duda añadido en época
ligeramente posterior a la de la galería, disponiéndose en su interior dos
habitaciones de distinto tamaño, aunque unidas a través de un gran arco sobre
columnas antiguas pero no originales, además de un pequeño ámbito sobre la
escalera de función desconocida, a “modo de asiento con capacidad para una sola
persona” como dice Orihuela Uzal. Estos tres ámbitos se cubren asimismo con
tres estructuras diferentes, el último con una pequeña bóveda de mocárabes, muy
semejante a la que aún se conserva en el extremo occidental del pórtico del
Generalife, ambas las más antiguas por cierto de las conservadas en la Alhambra;
el segundo con un restaurado alfarje y el tercero con una cúpula que el
anterior propietario del palacio, el alemán Arthur von Gwinner trasladó a su
casa en Berlín, siendo adquirida en 1978 por el Pergamon Museum donde se exhibe
en la sección de arte Islámico, lo que constituye una ventaja circunstancial
dado que de permanecer in situ sería difícilmente accesible. Asimismo es
posible considerar complemento del palacio un pabellón meridional prácticamente
desaparecido, cuyos restos están alineados con el eje longitudinal del conjunto
y del que se conserva una alberca en U con andén central y una cámara
rectangular en la que Torres Balbás recuperó una almatraya de losetas vidriadas
típicamente nazarí.
Aunque no es una cuestión pacífica, hay que advertir
que los cinco arcos del pórtico descansaban originariamente en pilares de
ladrillo con alicatados y yeserías y no en columnas como hoy, habiéndose
repuesto las sebkas o redes de rombos desaparecidas de los laterales con una
acertada labor hueca de yeso que las recuerda pero no las suplanta. Se ignora cómo
se completaba el palacio.
Volviendo a la cúpula de la Alhambra hoy en Berlín, sus
dimensiones son 190 centímetros de alto y 355 centímetros de ancho, estando
construida con piezas de madera de cedro y álamo que conservan restos de
policromía en oro, rojo y azul según puede aún apreciarse y consta en la ficha del
propio museo donde está inventariada con el Nº
I. 5/78.
Estructuralmente se trata de una cúpula ataujerada
dividida en dieciséis paños o faldones trapezoidales todos ellos con la misma
decoración a base de tres ruedas de 8, formadas por un sino central estrellado
con el lema nazarí típico “No hay vencedor sino Dios” en dos líneas de
escritura, y ocho zafates adornados con ataurique, reduciéndose aquéllos de la
base al centro, y adaptándose éstos en forma, número y tamaño a la disminución
del espacio, de modo que las primeras ruedas carecen del zafate inferior, las intermedias
funden entre sí los laterales y las superiores los suprimen por falta de
espacio.
Las almendrillas son huecas, culminando el conjunto en un almizate que
hace lazo de dieciséis, ricamente decorado con atauriques cuyos fondos
conservan la pintura original, alternativamente roja y azul, todo ello
dispuesto en torno a un sino central perforado del que presumiblemente pendería una lámpara.
La cúpula guarda una gran semejanza con la que
preside, centrándola, la rica armadura apeinazada que cubre la galería
inferior, aunque ésta arranca directamente del polígono de dieciséis lados
sobre arrocabe de mocárabes y aquélla está dispuesta sobre un espacio cuadrado
que pasa a un octógono a través de cuatro pechinas planas adornadas con zafates,
atauriques y pequeños cupulines de mocárabes, y de aquí a un polígono de
dieciséis lados mediante ocho piezas triangulares decoradas asimismo con
ataurique y cupulines avenerados.
El
octógono, a modo de arrocabe, se decora con piñas y conchas intercaladas,
llevando una inscripción en cúfico especular en torno a las primeras que dice “Yumn” (Ventura), en tanto que la base
del polígono de dieciséis lados, a semejanza de lo que ocurre en la cúpula de
la galería inferior, es una hermosa cornisa o friso de mocárabes sobre la que
asientan ocho faldones, ya que los restantes apoyan sobre las piezas
triangulares antes descritas, que acoge la siguiente inscripción “No hay
vencedor sino Dios” entre las columnillas.
En cuanto a su significado simbólico contamos con
dos recursos para explorarlo; por un lado la constatación de que las cúpulas
alhambreñas representan el cielo, especialmente las de madera adornadas con
polígonos estrellados como ocurre en la cúpula del Salón de Embajadores,
cúpulas que hacen visible la afirmación del Corán que dice “Encima de vosotros
hemos creado siete cielos…” y, por otro, la epigrafía, que en este caso es de
escasísima ayuda por quedar reducida al emblema nazarí y a la palabra Yumn (Ventura).
Una vez trasladada la cúpula a Berlín quedó un feo
boquetón que fue cubierto con una réplica de la cúpula original, aunque con
errores estructurales y epigráficos, realizada por el maestro ebanista José
Romera Baena.
Miguel JIMÉNEZ JIMÉNEZ -2013
lunes, 25 de febrero de 2013
BAJO LA LUZ DE AMARNA (IM LICHT VON AMARNA)
El pasado 7 de diciembre fue
inaugurada en el Neues Museum de Berlín una gran exposición conmemorativa del
centenario del descubrimiento del famoso busto de Nefertiti que se conserva en este museo berlinés.
La exposición, comprensiva de más
de 400 objetos, muchos de ellos expuestos por primera vez y procedentes de las
colecciones del mismo Neues Museum, el British Museum de Londres, el Louvre de
París y el Metropolitan de Nueva York, ofrece un panorama suficientemente
descriptivo del ambiente material y espiritual tanto del reinado de Akenatón
como de su capital, Achet-Atón, la
ciudad fundada por él mismo y a la que trasladó su corte, llamada hoy Tell el
Amarna.
En efecto, el 6 de diciembre del año 1912, la expedición arqueológica
alemana que, bajo la dirección de Ludwig Borchardt, excavaba en Tell el Amarna descubrió un depósito de esculturas
asociadas a pigmentos y diversas herramientas en la casa que se supone era la
residencia y el taller del escultor real Thutmés. Entre estas obras, muchas
realizadas en yeso como modelos para servir de guía a otras en piedra, figuraba
el maravilloso busto de caliza policromada de la reina Nefertiti, bien obra
terminada y lista para ser entregada a su comandante, bien, lo que no puede
excluirse, otro modelo de taller.
La Pareja Real.- Ella era el
tercer miembro de la tríada formada por su esposo, el faraón Amenhotep IV, que
tomó el nombre de Akenatón y el propio Atón, el nuevo dios de la luz y la
creación, representado por un disco solar con rayos terminados en manos
bendicientes, impulsores de una
revolución religiosa, social y política que convulsionó los cimientos del
Egipto faraónico. Las resistencias que cambios de tal naturaleza ocasionaron,
se mantuvieron latentes durante gran parte del reinado de Akenatón y no tardaron
en salir a la luz después de su muerte, ocurrida probablemente un año después
de la de su esposa, deshaciendo de inmediato toda su labor reformadora y
reponiendo en su lugar tradicional no sólo a los antiguas divinidades, sino
también a la clase sacerdotal y su dirigismo religioso, económico, político y artístico.
Amenhotep IV
era hijo de Amenhotep III, faraón que reinó 38 largos y fructíferos años, entre
el 1388 y 1350 a.C. y de la reina Tiy, presente en la exposición a través de
una pequeña cabeza realizada en madera de tejo y coronada con el disco lunar
entre los cuernos de Hátor y dos plumas, quienes tuvieron al menos seis hijos, de los
cuales, el mayor, Tutmosis, murió prematuramente por lo que los derechos
dinásticos pasaron a aquél; Nefertiti, en cambio, era una princesa de Mitanni,
un Estado situado al norte de la actual Siria, que mantenía con Egipto una ambivalente
relación económica, militar y cultural, según soplaran los vientos políticos en
la región, básicamente por el expansionismo hitita. Al final de sus días,
Amehotep III recuperó la amistad con el país de Mitanni, sellando esta alianza
mediante su matrimonio con la princesa Taduhepa, si bien el faraón murió cuando
ésta iba a su encuentro, razón por la que la joven acabó casándose con su hijo
y heredero, Amenhotep IV a la sazón un joven de sólo 15 años puesto bajo la
regencia de su madre. La edad de
la esposa no la conocemos pero sin duda
era ya núbil por cuanto no tardó en ser madre de dos hijas, Merit-Atón y Maket-Atón, ambas nacidas
en Tebas, antes por tanto del traslado de la
corte a Achet-Atón, donde daría luz a otras cuatro princesas. Muy delgada,
Nefertiti era una mujer de gran belleza física que manifestaba un refinamiento
que trascendía las normas protocolarias de la corte y alcanzaba a sus prácticas
religiosas. Su nombre egipcio -Nefertiti-, que significa “La bella ha venido”,
expresó la admiración que despertó en la corte del joven faraón, lo mismo que
el de “Perfectas son las bellezas de Atón” con el que también se la conoció.
Pero, junto a ello, no puede caber duda de que Nefertiti fue poseedora asimismo
de una fuerte personalidad que le llevó, sin olvidar sus deberes de esposa y
madre, a alcanzar un gran protagonismo en la corte y en el nuevo ritual
religioso dedicado a Atón.
Plano de Achet-Atón. Se aprecia a la izquierda el Gran
Palacio, en el centro abajo, el pequeño templo de Atón y al norte de éste, la casa del Rey. El
gran templo de Atón quedaría fuera de la vista aérea. El camino que corre de
Norte a Sur es la calzada real.
La ciudad, que debió ser construida en un periodo muy breve de tiempo,
ha sido excavada en gran parte, sacando a la luz el plano urbano, presidido por el Gran Templo de
Atón y el Gran Palacio oficial, así como por dos edificios menores, el Pequeño
Templo y la Casa del Rey, que se completaban con otros necesarios para la
administración del imperio, así como con dos palacios más, el llamado Palacio
del Norte y el Palacio de Meruatón, situado al sur. Los muros en general son de
adobe, labrándose en piedra sólo los umbrales, jambas y dinteles de puertas y
ventanas que asimismo se completan con jeroglíficos y se decoran con pequeñas
piezas incrustadas de mayólica y otras pendientes de las caras internas de los
dinteles, lo que sin duda lograba que la ciudad ofreciera un espectáculo
colorista y vibrante tanto al exterior como en el interior de las viviendas.
Tres calles principales que corrían de norte a sur, paralelas al Nilo,
completadas con otras muchas transversales, formaban el viario urbano.
Los suelos, como
asimismo los techos de palacios y viviendas, se enfoscaban y pintaban,
pudiéndose admirar en la exposición un importante fragmento de uno de ellos con
unos ánades levantando el vuelo sobre los papiros del Nilo.
Ánades levantando el vuelo
Las viviendas siguen en general el plan tan común en Egipto de una pieza
cuadrada central cuyo techo de vigas de palmera se sostiene con una o dos columnas,
en torno a la cual se disponen las restantes dependencias de la casa. En los
patios podemos encontrar, como en el caso de la de Thutmés, un establo,
panadería y silos para guardar el grano.
La ciudad que, tras la muerte del
faraón y el subsiguiente abandono por las clases dirigentes, experimentó un
rápido proceso de deterioro hasta desaparecer, ha ofrecido una variedad enorme
de objetos de cultura material entre los que se cuentan, además de los
cerámicos ya citados, piezas de vidrio, madera, piel, metal, etc., ya sean
objetos de tocador como espejos de cobre pulido, pinzas para depilar, cuchillas
para afeitar que eran cuidadosamente afiladas con piedras de amolar, pequeños
frascos para guardar el khol con el que se pintaban los ojos tanto por razones
estéticas como terapéuticas para prevenir enfermedades, etc., etc.; ya objetos
de vidrio para componer collares o fabricar pequeños vasos, así el ictiforme con
la figura de una tilapia del Nilo, usado para guardar cosméticos y que constituye
una de las piezas maestras de la industria del vidrio en Egipto, logrado
mediante adición de cordones de cristal coloreado; ya piezas de marfil como una
posible anteojera de caballo que fue encontrada en lo que se supone era el
taller del jefe de las obras del faraón y escultor real (“Master of work and
sculptor Thutmose”) ya que la inscripción jeroglífica que contiene hace alusión
a él.
Fragmento de anteojera de caballo
La escultura en Achet-Atón.- La reforma religiosa de Akenatón trajo consigo una
nueva visión de la realidad, menos estereotipada y rígida y en consecuewncia
más natural y expresiva. En varios relieves de delicadísima factura es posible
ver a la pareja real en actitud de besarse o sosteniendo en brazos a sus hijas,
escenas de un intenso naturalismo al que, ciertamente, nunca fue completamente
ajeno el arte egipcio, si bien las reglas de composición dictadas por los
sacerdotes impidieron a los artistas desarrollar esta vertiente de su
personalidad.
La escultura que se ha encontrado en Tell el Amarna ha aparecido casi por
completo en un pequeño pasaje denominado R18/R19 que fue cubierto por los
artesanos dentro de un depósito para estatuas y modelos, probablemente en el
tiempo en que la ciudad fue abandonada. Se trata en gran parte de modelos de
taller realizados en yeso sobre los que se conservan bien visibles trazos en
color negro para orientar la labor de las réplicas que se obtenían de aquéllos.
Akenatón y Nefertiti
Las dos piezas esenciales de este conjunto son los bustos de Nefertiti y
de Akenatón, éste mucho menos conocido y peor conservado que el de su esposa,
pero relizado también en caliza policromada, acompañados de un conjunto
numeroso de retratos de ellos mismos realizados en yeso y caliza, la mayor
parte de ellos con trazos en negro que expresan las correcciones que era
necesario realizar.
Akenatón (derecha y centro)y Nefertiti o su hija Merit-Atón
Sin embargo, las dos piezas esenciales son los
bustos en caliza policromada de Nefertiti y de Akenatón, éste último mucho peor
conservado y conocido:
Nefertiti y Akenatón
El faraón no presenta los rasgos andróginos y asexuados de tantas
otras representaciones suyas, de mejillas delgadas, boca llena, barbilla
prominente y forma triangular de la cara; aquí, por el contrario, el rostro es
más ancho y su parecido con los retratos de su padre Amehotep III más intenso.
La obra sufrió sus primeros daños cuando fue trasladada al depósito de estatuas
del taller y posteriormente durante el
periodo de persecución, perdiendo finalmente la boca durante la segunda Guerra
Mundial, siendo la que se ve un añadido hecho expresamente para la exposición y
absolutamente reversible.
El busto de Nefertiti por el contrario presenta escasísimos daños y
luce en todo su esplendor primigenio. Llama la atención en primer lugar y por
su absoluta rareza el hecho de que, a diferencia del de su marido, la
representación se limite prácticamente a la cabeza, bajando hasta los hombros
pero sin incluirlos. La reina lleva collar y se cubre con una alta corona.
La obra, realizada en piedra caliza, estuco pintado, cristal de roca y
cera, se fecha entre 1351 y 1334 a.C. Vista desde la izquierda, presenta un
ligero daño en el perfil de la corona y en la hélice de la oreja; desde atrás,
dos pequeñas pérdidas en el borde de aquélla; desde la derecha, junto con un
pequeño daño en el borde del hombro, de nuevo otro pequeño daño en el perfil y
en la hélice de la oreja así como una relativamente importante pérdida de
estuco; finalmente, de frente, falta la cobra frontal y el ojo derecho.
La figura presenta una exquisita simetría, con la barbilla dividida en
dos pequeños resaltes, mandíbula casi cuadrada, pómulos prominentes, labios muy
bien dibujados y no excesivamente carnosos con las comisuras muy marcadas; ojos
almendrados y cejas perfectamente delineadas. Su cuello, tan esbelto como
delicado, sostiene firmemente la cabeza mediante dos fuertes tendones muy
marcados dada su extrema delgadez. La piel es finísima, sin imperfección
alguna, con una coloración intensa como de larga exposición al sol, lo que la
distingue de las tonalidades más pálidas en ocre amarillo de otras versiones
femeninas.
La escultura podría
decirse que es sobre todo de una gran espiritualidad; probablemente destinada
en un primer momento a su propia tumba, con la vista perdida en el horizonte.
Ajena a todo y a todos, se diría que la reina está en intensa comunicación con
Atón, el dios dinástico.
Miguel JIMÉNEZ JIMÉNEZ
martes, 19 de febrero de 2013
viernes, 25 de enero de 2013
sábado, 19 de enero de 2013
domingo, 9 de diciembre de 2012
UN EJERCICIO PARA APRENDER DEMOGRAFÍA Y DESARROLLAR LA COMPETENCIA LINGÜISTICA
¿Desde cuando creció la población de una forma muy rápida?
¿Qué es la densidad?
¿En qué zonas hay menos población?
¿por qué?
¿Eso está cambiando?
¿Cuáles son las zonas pobladas?Explica la causa de cada una de ellas
¿Qué es la tasa de natalidad?
¿Dónde es más elevada y por qué?
¿Qué es la tasa de mortalidad? ¿Dónde es más baja y por qué?
¿Qué es la esperanza de vida? ¿Dónde es más elevada?
Vicente Camarasa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




















