domingo, 2 de noviembre de 2014
sábado, 18 de octubre de 2014
miércoles, 17 de septiembre de 2014
YO, AUGUSTO, EMPERADOR DE ROMA
¿Superación de la muerte?
No la hay; solamente la gloria sobrevive a la muerte en la tierra.
Y aun la gloria conquistada con la guerra y el horror,
que ciertamente no será la mía, lo puede hacer;
yo aspiro a la gloria de la paz.
Hermann Broch, La muerte de Virgilio
El 19 de agosto del año 14, durante un viaje por la Campania, moría en Nola el emperador Augusto tras desplomarse en los brazos de su tercera mujer, la emperatriz Livia, de la que se despidió con estas sentidas palabras: “Adios, Livia, vive y acuérdate de nuestra unión”. Se cumple por tanto este año 2014 el bimilenario de su muerte, que ha sido conmemorada con una gran exposición en el Grand Palais de París, organizada conjuntamente por los Museos del Capitolio y del Louvre, bajo el título “Moi Auguste, Empereur de Rome”, con la pretensión de hacer “revivir un hombre en sus deseos, sus contradicciones, sus cualidades y sus ilusiones”.
1. Cartel de la Exposición
La Historia, ciencia del pasado de los seres humanos a través de los hechos masivos que dan sentido a su existencia colectiva, tiene al mismo tiempo que asumir la evidencia del papel desempeñado por los grandes protagonistas que con sus iniciativas, su voluntad y su decisión dieron forma y sentido a la época que en cada caso les tocó vivir. Uno de ellos, el Princeps Senatus, el emperador Caius Iulius Caesar Octavianus, poliónimo que asumió tras ser adoptado por su tío-abuelo Caius Iulius Caesar, del que heredó los tria nomina, su inmensa fortuna y un grandioso destino.
Augusto nació el 23 de septiembre del año –63 en el Palatino con el nombre de Caius Octavius Turinus, cognomen que heredó de su padre, transcurriendo su vida sin mayores sorpresas hasta ser declarado heredero por César en su testamento, decisión que despertó en él una desconocida energía, decisión y carácter hasta convertirse en la figura más importante de la historia de Roma.
En efecto, tras el asesinato de éste, dos sucesos esenciales señalan su destino, la batalla de Filipos que enfrentó a los ejércitos de Marco Antonio y Octavio contra los de los cesaricidas, Bruto y Casio, que se suicidan tras su derrota; y la de Actium contra el ejército de Marco Antonio y Cleopatra, que correrán igual suerte. Convertido así en el dueño indiscutible de Roma, Octavio comienza una inmensa obra de regeneración del estado romano sobre la base de mantener la ficción republicana representada por el nuevo papel encomendado al Senado. Así, nada escapará a su obra de reforma, la tranquilidad del estado en primer lugar, asegurándole fronteras más seguras; el ejército necesario para su protección; la hacienda para pagarlo; la familia tradicional para proporcionar sus efectivos; la administración para asegurar la supervivencia misma del Estado; la religión tradicional, el arte y, sobre todo, la paz como condición general para el correcto funcionamiento del nuevo sistema: “yo aspiro a la gloria de la paz” son las acertadas palabras que Hermann Broch pone en su boca, conversando con Virgilio.
La exposición sin embargo se centra principalmente en el ser humano que hay detrás de esta obra de reforma; no tanto en el general, si bien se exponen unos relieves históricos que narran la batalla naval de Actium y el triunfo que Augusto celebró en Roma el año -29 que, procedentes de Campania, se conservan en dos colecciones españolas y concretamente andaluzas, las de la Casa de Pilatos en Sevilla y la de la Duquesa de Cardona en Córdoba, así como en el Szépmüvészeti Múzeum de Budapest; ni en el estadista, aunque se transcriben las Res Gestae que compuso en la primavera del año 14 al sentir próxima su muerte, inscritas en bronce delante de su mausoleo y traducidas al griego y gravadas en el muro exterior del templo de Augusto y Roma en Ancyra, la actual Ankara; sino en el hombre y en la ciudad que le vio nacer, en su familia, en el desempeño de las funciones que le fueron encomendadas: Prefecto de la ciudad, Augur, XVvir de sacris faciendis, Augustus el 16 de enero del año -27, VIIvir epulonum, Pontifex maximus, Pater patriae, Tribunitia potestas, Cónsul e Imperator, y en el ambiente doméstico de su época.
2. Batalla naval de Actium. Colección de la Duquesa de Cardona. Córdoba
Augusto se casó en tres ocasiones, con Clodia Pulchra en primer lugar, a la que repudió, lo mismo que hizo con su segunda mujer, Scribonia, de la que tuvo a su única hija, Iulia; y finalmente con Livia que en el momento de casarse con él, era una mujer separada, con un hijo, Tiberio, y embarazada de su segundo hijo, Druso, pero perteneciente a la prestigiosa familia de los Claudios; de ahí que los descendientes de Augusto sean conocidos como los Julio-Claudios.
Iulia se casó en tres ocasiones, en primer lugar con su primo hermano Marcelo (C. Claudius Marcellus) que murió dos años más tarde sin descendencia; con Agripa (M. Vipsanius Agrippa) y finalmente, por imposición de su padre, con su hermanastro Tiberio (Ti. Claudius Nero y tras su adopción por Augusto, Ti. Iulius Caesar), y tuvo tres hijos varones, Cayo, Lucio y Agripa Póstumo, llamado así por nacer tras la muerte de su padre, y dos hijas, Iulia la Menor y Agripina la Mayor, descendientes a los que aún hay que añadir un sexto hijo que tuvo de Tiberio y que murió a temprana edad.
Prácticamente toda la familia imperial aparece recogida en la exposición con magníficos retratos, desde el padre biológico de Augusto, Caius Octavius Turinus (no así la madre); su padre adoptivo, Caius Iulius Caesar; sus mujeres, especialmente Livia; su hija Iulia; sus tres yernos, Marcelo, Agripa y Tiberio y sus nietos varones, Cayo, Lucio y Agripa Póstumo y, por supuesto, el propio Augusto, cuya imagen es difundida por todo el Imperio a partir de los cientos de originales que se elaboran en los talleres imperiales de los que se hacen miles de copias, si bien todos ellos responden a cuatro prototipos según ha establecido la historiografía artística contemporánea, a saber, el tipo Béziers-Spoleto, el tipo Actium o La Alcudia, el tipo Forbes y el tipo Prima Porta, que representan cuatro estadios diferentes de su vida, en correspondencia con otros tantos momentos determinantes de su reinado.
3. Tipos de retratos de Augusto (izda.) Beziers-Spoleto, (centro) Actium o la Alcudia y (dcha.) Forbes
En cualquier caso, el tipo que más éxito tuvo con diversas variantes interpretativas es el llamado “Prima Porta” por la escultura descubierta en 1863 en la villa de Livia, cerca de la Prima Porta, que preside, como no podía ser de otro modo, la exposición del Grand Palais.
4. Augusto de Prima Porta y detalle del rostro
La escultura, copia en mármol de Paros del original de bronce que coronaba el mausoleo del emperador en el Campo de Marte, es una síntesis metafórica de la personalidad y la obra de Augusto que está representado como cónsul en el momento de arengar a las tropas, si bien va sorprendentemente descalzo y acompañado de un amorcillo que cabalga sobre un delfín, símbolos que apuntan a la estirpe divina de la que procede y a su propia divinidad. Viste túnica corta, coraza con cintas de cuero que protegen el bajo vientre y los muslos y clámide enrollada a la cintura, llevando en su mano izquierda un bastón consular no conservado.
En la parte frontal de la coraza se desarrolla un complejo relieve centrado por la restitución de las enseñas perdidas por el general Craso, vencido por los partos en el año - 53. En la parte superior, Caelus sostiene un velo sobre él; a su izquierda el Sol y a su derecha la Aurora acompañada del Rocío. En la parte inferior se representa a Tellus, la Tierra, o bien la alegoría del oikoumene, la tierra habitada; a un lado, Apolo con su lira cabalgando sobre un grifo y al otro Diana con su ciervo y el carjac de flechas infalibles, dioses especialmente venerados por Augusto que atribuía al primero su victoria sobre Antonio, en tanto que veía en Diana una diosa romana tradicional, opuesta a las divinidades extranjeras y protectora de la fecundidad femenina y de los niños. Finalmente, a ambos lados de la coraza dos figuras simbólicas representan la Hispania vencida y la Galia sometida.
Estos cuatro tipos estilísticos y sus variantes incorporan distintos mensajes iconográficos, que relacionan a Augusto con sus cargos y distinciones, Princeps Senatus, Pontifex Maximus, Imperator, etc. y se representan en todo tipo de materiales nobles, oro, plata, bronce, mármol, sardónice, etc.
5. Camafeo de Augusto
Por lo que respecta a la ciudad de Roma en época de Augusto se evoca en la exposición a través de la intensa actividad que se llevó a cabo para embellecer la ciudad: remodelación del campo de Marte donde se construyen unas termas (termas de Agripa), el Panteón (Panteón de Agripa) y el pórtico de Agripa; finalización del programa edilicio puesto en marcha por César; construcción del foro de Augusto, plaza alargada flanqueada de pórticos en cuyo centro se erige una estatua ecuestre de Augusto, y del Ara Pacis; construcción de nuevos templos -Venus Genitrix, ancestro de la familia Iulia; César divinizado, su padre adoptivo; Apolo, su divinidad protectora; Mars Ultor o Vengador que le ha ayudado en la batalla de Filipos contra los asesinos de César- y reconstrucción de ochenta y dos de época republicana, la mayor parte adornados con decoraciones de barro cocido que él sustituye por mármol; construcción del teatro dedicado a su yerno Marcelo, el único de los primeros teatros romanos construidos en piedra que se nos ha conservado, etc., etc., si bien esta magna labor edilicia no alcanzó la propia vivienda del emperador quien, de acuerdo con el ideal republicano, nunca se hizo construir un palacio, limitándose a vivir en el Palatino, sin opulencia, pero con gusto exquisito, en lo que los arqueólogos han llamado “casa de Augusto” y “casa de Livia”.
Y tras toda esta actividad, una economía basada en el trabajo de la tierra, el masivo empleo de los plebeyos como soldados profesionales y una sólida moneda de oro, plata, oricalco y cobre, a saber, áureos, denarios, sestercios y ases.
La vida privada en época de Augusto merece un lugar destacado en la exposición ya que expresa el enriquecimiento de una parte de la población del imperio al amparo de la paz augustea. Este clima de prosperidad es perceptible tanto en el mobiliario y ajuar de las casas de los vivos como en el de las tumbas de los muertos. El primero ya no se limita a un simple papel utilitario sino que desempeña una función social importante como expresión de la riqueza y el status social de sus dueños - candelabros, soportes de mesas, porta-lámparas, braseros, trípodes, un trapezóforo en forma de esfinge que es un soporte de mesa-, en tanto que el ajuar está representado por ricas vajillas metálicas -copia moderna de la crátera del tesoro de Hildesheim que como se sabe se perdió durante la 2GM; el tesoro de Boscoreale procedente de la villa de Pisanella (cántaros, oinochoe, copitas, cucharas, skyfos, pateras, trípodes y louches o cucharones para servir); y dos skyfos llamados “copa de Tiberio” y “copa de Augusto” con sendas escenas históricas, el primero sobre un carro antes de realizar un sacrificio y el segundo concediendo su clemencia a los pueblos vencidos-; vidrios (copas de vidrio, balsamarios o pequeños vasos con perfumes utilizados en los ritos funerarios con muy diversas formas y tamaños) y vajillas de terra sigillata caracterizadas por el barniz rojo brillante y su decoración en relieve.
6. Trípode con brasero
Miguel JIMÉNEZ JIMÉNEZ
domingo, 22 de septiembre de 2013
EL TECHO CUPULAR DEL MIRADOR DE LA TORRE DE LAS DAMAS
El palacio de El Partal, cuyo nombre unos traducen
por “pórtico” (del árabe “bartal”), aunque parece derivar más bien de
“al-burtula“ con el significado de “remanso veraniego” o “belvedere”, ha sido interpretado,
dado que por la abundancia de vanos no cabe suponerle un uso residencial, como
una especie de pabellón real, “parada y fonda” en los recorridos del sultán
Muhammad III (1302-1308), su constructor según la más que plausible hipótesis
de Basilio Pavón, desde o hacia el Generalife, su palacio de verano, como área
de descanso y placer abierta al paisaje.
Del palacio queda la gran alberca central y la
galería norte, la llamada desde el siglo XVIII Torre de las Damas, pórtico con
singular armadura apeinazada que se prolonga en una estancia cuadrada que
sobresale del perímetro rectangular con ventanas abalconadas, interesantes
restos de yeserías y armadura ataujerada y se dobla en altura en una torre
mirador rectangular a la que se accede a través de angosta pero delicada escalera
construida en el lado occidental, cuyo volumen fue sin duda añadido en época
ligeramente posterior a la de la galería, disponiéndose en su interior dos
habitaciones de distinto tamaño, aunque unidas a través de un gran arco sobre
columnas antiguas pero no originales, además de un pequeño ámbito sobre la
escalera de función desconocida, a “modo de asiento con capacidad para una sola
persona” como dice Orihuela Uzal. Estos tres ámbitos se cubren asimismo con
tres estructuras diferentes, el último con una pequeña bóveda de mocárabes, muy
semejante a la que aún se conserva en el extremo occidental del pórtico del
Generalife, ambas las más antiguas por cierto de las conservadas en la Alhambra;
el segundo con un restaurado alfarje y el tercero con una cúpula que el
anterior propietario del palacio, el alemán Arthur von Gwinner trasladó a su
casa en Berlín, siendo adquirida en 1978 por el Pergamon Museum donde se exhibe
en la sección de arte Islámico, lo que constituye una ventaja circunstancial
dado que de permanecer in situ sería difícilmente accesible. Asimismo es
posible considerar complemento del palacio un pabellón meridional prácticamente
desaparecido, cuyos restos están alineados con el eje longitudinal del conjunto
y del que se conserva una alberca en U con andén central y una cámara
rectangular en la que Torres Balbás recuperó una almatraya de losetas vidriadas
típicamente nazarí.
Aunque no es una cuestión pacífica, hay que advertir
que los cinco arcos del pórtico descansaban originariamente en pilares de
ladrillo con alicatados y yeserías y no en columnas como hoy, habiéndose
repuesto las sebkas o redes de rombos desaparecidas de los laterales con una
acertada labor hueca de yeso que las recuerda pero no las suplanta. Se ignora cómo
se completaba el palacio.
Volviendo a la cúpula de la Alhambra hoy en Berlín, sus
dimensiones son 190 centímetros de alto y 355 centímetros de ancho, estando
construida con piezas de madera de cedro y álamo que conservan restos de
policromía en oro, rojo y azul según puede aún apreciarse y consta en la ficha del
propio museo donde está inventariada con el Nº
I. 5/78.
Estructuralmente se trata de una cúpula ataujerada
dividida en dieciséis paños o faldones trapezoidales todos ellos con la misma
decoración a base de tres ruedas de 8, formadas por un sino central estrellado
con el lema nazarí típico “No hay vencedor sino Dios” en dos líneas de
escritura, y ocho zafates adornados con ataurique, reduciéndose aquéllos de la
base al centro, y adaptándose éstos en forma, número y tamaño a la disminución
del espacio, de modo que las primeras ruedas carecen del zafate inferior, las intermedias
funden entre sí los laterales y las superiores los suprimen por falta de
espacio.
Las almendrillas son huecas, culminando el conjunto en un almizate que
hace lazo de dieciséis, ricamente decorado con atauriques cuyos fondos
conservan la pintura original, alternativamente roja y azul, todo ello
dispuesto en torno a un sino central perforado del que presumiblemente pendería una lámpara.
La cúpula guarda una gran semejanza con la que
preside, centrándola, la rica armadura apeinazada que cubre la galería
inferior, aunque ésta arranca directamente del polígono de dieciséis lados
sobre arrocabe de mocárabes y aquélla está dispuesta sobre un espacio cuadrado
que pasa a un octógono a través de cuatro pechinas planas adornadas con zafates,
atauriques y pequeños cupulines de mocárabes, y de aquí a un polígono de
dieciséis lados mediante ocho piezas triangulares decoradas asimismo con
ataurique y cupulines avenerados.
El
octógono, a modo de arrocabe, se decora con piñas y conchas intercaladas,
llevando una inscripción en cúfico especular en torno a las primeras que dice “Yumn” (Ventura), en tanto que la base
del polígono de dieciséis lados, a semejanza de lo que ocurre en la cúpula de
la galería inferior, es una hermosa cornisa o friso de mocárabes sobre la que
asientan ocho faldones, ya que los restantes apoyan sobre las piezas
triangulares antes descritas, que acoge la siguiente inscripción “No hay
vencedor sino Dios” entre las columnillas.
En cuanto a su significado simbólico contamos con
dos recursos para explorarlo; por un lado la constatación de que las cúpulas
alhambreñas representan el cielo, especialmente las de madera adornadas con
polígonos estrellados como ocurre en la cúpula del Salón de Embajadores,
cúpulas que hacen visible la afirmación del Corán que dice “Encima de vosotros
hemos creado siete cielos…” y, por otro, la epigrafía, que en este caso es de
escasísima ayuda por quedar reducida al emblema nazarí y a la palabra Yumn (Ventura).
Una vez trasladada la cúpula a Berlín quedó un feo
boquetón que fue cubierto con una réplica de la cúpula original, aunque con
errores estructurales y epigráficos, realizada por el maestro ebanista José
Romera Baena.
Miguel JIMÉNEZ JIMÉNEZ -2013
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